Agentes de la Guardia Civil detuvieron hace unas pocas semanas en Gandía a una joven marroquí sospechosa de reclutar para el Estado Islámico.
En los últimos meses otras dos mujeres fueron ya detenidas en Lanzarote y Cataluña al resultar sospechosas también de reclutar a jóvenes para la organización yihadista.
Se calcula que más de medio millón de mujeres procedentes de Europa se han unido a las filas del auto proclamado "califa de todos los musulmanes" Abu Bakr al-Bagh dali.
No hace mucho tiempo, escuchaba en un programa de radio una entrevista con una mujer marroquí que comentaba que el término yihadismo, para referirse a la violencia ejercida por parte de grupos islámicos, era erróneo, ya que la yihad, representa el esfuerzo que todo creyente debe realizar para ser mejor musulmán, mejor padre o madre, esposo o esposa, en definitiva mejor persona.
Existen además, otras acepciones como terrorismo islámico o islamista, utilizadas frecuentemente por los medios de comunicación a partir de los atentados del 11 de septiembre del 2001.
No parece que exista una palabra agradable para señalar estas masacres locas y absurdas en nombre del dogma. y tampoco es agradable, en mi opinión, que mujeres de distintas procedencias se unan a esta barbarie.
Resulta estremecedor el comprobar como el ser humano (sin distinción de géneros) encierra dentro de sí la semilla del mal, que no es otra cosa que la ignorancia y el miedo.
En el "miedo a la libertad" Erich Fromm ya explicaba la crisis contemporánea relacionada con la libertad del ser humano en dos de sus manifestaciones: su expresión política (el fascismo) y su expresión sociocultural (la estandarización de los individuos en las sociedades avanzadas) ambas formas colectivas de evadir la libertad.
La libertad, si somos fieles, conlleva soledad, y ese peso es tan grande que preferimos renunciar a nosotras mismas y dejarnos llevar por lo que otros piensan y dicen. Sin embargo esta renuncia no parece que nos lleve a la felicidad.
Lo que Fromm propone es tener bien claro lo que cada una quiere ser y ser fiel y auténtica con una misma, pese a las consecuencias.
Pero, ¿es eso posible?. Muy difícil. Lo primero sería saber lo que una quiere en esta sociedad tecnificada hasta su última esencia y en la que el factor humano se relega a un segundo plano.
Además, ¿es lo que una quiere lo que está a su alcance? ¿desde dónde se puede elegir?.
Veo cada día a jóvenes, que incluso aunque tuviesen claro lo que quieren, no podrían llevarlo a cabo en la actual situación socio económica en la que estamos inmersos.
La mente ordinaria, unida al miedo, a las emociones, a la separatividad, es lo que da origen, según el budismo, a un mundo de enfermedad, de sufrimiento, de guerra. Una mente dormida, narcotizada, olvidada de su propia identidad, que es lo mismo que decir una mente sumida en la ignorancia, es la que guía a estas mujeres dispuestas a unirse, ¿en nombre de quién?,
a las tropas de la muerte.
En los últimos meses otras dos mujeres fueron ya detenidas en Lanzarote y Cataluña al resultar sospechosas también de reclutar a jóvenes para la organización yihadista.
Se calcula que más de medio millón de mujeres procedentes de Europa se han unido a las filas del auto proclamado "califa de todos los musulmanes" Abu Bakr al-Bagh dali.
No hace mucho tiempo, escuchaba en un programa de radio una entrevista con una mujer marroquí que comentaba que el término yihadismo, para referirse a la violencia ejercida por parte de grupos islámicos, era erróneo, ya que la yihad, representa el esfuerzo que todo creyente debe realizar para ser mejor musulmán, mejor padre o madre, esposo o esposa, en definitiva mejor persona.
Existen además, otras acepciones como terrorismo islámico o islamista, utilizadas frecuentemente por los medios de comunicación a partir de los atentados del 11 de septiembre del 2001.
No parece que exista una palabra agradable para señalar estas masacres locas y absurdas en nombre del dogma. y tampoco es agradable, en mi opinión, que mujeres de distintas procedencias se unan a esta barbarie.
Resulta estremecedor el comprobar como el ser humano (sin distinción de géneros) encierra dentro de sí la semilla del mal, que no es otra cosa que la ignorancia y el miedo.
En el "miedo a la libertad" Erich Fromm ya explicaba la crisis contemporánea relacionada con la libertad del ser humano en dos de sus manifestaciones: su expresión política (el fascismo) y su expresión sociocultural (la estandarización de los individuos en las sociedades avanzadas) ambas formas colectivas de evadir la libertad.
La libertad, si somos fieles, conlleva soledad, y ese peso es tan grande que preferimos renunciar a nosotras mismas y dejarnos llevar por lo que otros piensan y dicen. Sin embargo esta renuncia no parece que nos lleve a la felicidad.
Lo que Fromm propone es tener bien claro lo que cada una quiere ser y ser fiel y auténtica con una misma, pese a las consecuencias.
Pero, ¿es eso posible?. Muy difícil. Lo primero sería saber lo que una quiere en esta sociedad tecnificada hasta su última esencia y en la que el factor humano se relega a un segundo plano.
Además, ¿es lo que una quiere lo que está a su alcance? ¿desde dónde se puede elegir?.
Veo cada día a jóvenes, que incluso aunque tuviesen claro lo que quieren, no podrían llevarlo a cabo en la actual situación socio económica en la que estamos inmersos.
La mente ordinaria, unida al miedo, a las emociones, a la separatividad, es lo que da origen, según el budismo, a un mundo de enfermedad, de sufrimiento, de guerra. Una mente dormida, narcotizada, olvidada de su propia identidad, que es lo mismo que decir una mente sumida en la ignorancia, es la que guía a estas mujeres dispuestas a unirse, ¿en nombre de quién?,
a las tropas de la muerte.

¡fantástico Conchita!!
ResponderEliminarHe querido empezar a saborear tu blog un ratito en un paréntesis de mi trabajo y me encanta leerte y conectar contigo.
Estupendo que escribas y nos dejes disfrutarTE de otra manera.
Seguiré por la tarde en casa.
Me encanta que estés ahí, en lo TUYO.
Un besico
Eskerrik asko, Me alegra saber que te gusta, A mi me sirve para reflexionar y ponerlo por escrito, que siempre es terapéutico. Besos
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